Janucá celebra la victoriosa epopeya del pueblo judío contra el más grande imperio de su época – el imperio griego -; un imperio que impurificó nuestro Gran Templo en Jerusalem, y que intentó imponer su cultura por sobre la cosmovisión judía basada en una rigurosa ética sostenida por las mitzvot.
El encuentro – impuesto, pero encuentro al fin – entre la cultura judía y la helénica representó uno de los más grandes desafíos a nuestra supervivencia como pueblo de todos los tiempos. Mientras que nuestra cultura se sostiene en el concepto del deber – la ética monoteísta -, la helénica se basa en el del placer – una lectura hedonista de la vida -. Cada judío en la conquistada y helenizada Judea se veía en el dilema de adherirse a la difícil tarea de hacer de esta Tierra un mundo mejor, o de dejar libre sus instintos a la búsqueda de su placer personal. Milagrosamente – otro de los milagros de Janucá – nuestro pueblo optó por continuar con la difícil misión de ser Or LaGoím , Luz para los Pueblos (en la visión profética de Isaías), en lugar de sumarse a las tantas naciones conquistadas por los griegos que sucumbieron ante los encantos de la cultura del placer. Los griegos fueron los creadores, entre muchas otras disciplinas, ciencias e instituciones, de las Olimpíadas. Ellas eran, en algunos de sus componentes, una clara expresión del pensamiento hedonista helénico. Nosotros – la Unión Mundial Macabi y el Movimiento Macabeo diseminado en 57 países en 5 Continentes -, que decimos ser los dignos descendientes del espíritu Macabeo que derrotó al helenismo y a su superficial mensaje; nosotros, al organizar nuestra Macabiá – nuestros Juegos Macabeos deportivos en el Estado de Israel -… ¿no estamos con ello defraudando los mismos ideales que decimos defender, "emulando" una de las instituciones helénicas en nuestros días? [Escuchamos esta pregunta una y otra vez especialmente en foros ultraortodoxos no-sionistas]. Nuestra respuesta es simple, y contundente: no, no y no. La Macabiá es la mayor reunión internacional del pueblo judío en el Estado de Israel y su mayor evento turístico, con decenas de miles de judíos que acuden a nuestro llamado – ya sean deportistas o espectadores -. Muchos de esos miembros de nuestro pueblo visitan por primera vez al Estado Judío gracias a la Macabiá, descubriendo entonces su condición de judíos vinculados con otros judíos diseminados en el mundo. Mientras que las primeras Olimpíadas alejaban a los judíos de su marco natural – imponiéndole una ruptura con su medio -, la Macabiá reincorpora a los judíos alejados ("periféricos", desde lo judaico-sionista) y fortalece a aquellos identificados, conectando a unos y otros con el Estado de Israel, el más grande logro de nuestro pueblo en siglos – y la más concreta señal de redención divina después de la catástrofe sufrida por nuestros hermanos en la Shoá -. La Macabiá emula el espíritu de los Macabeos – el espíritu de lucha, resistencia y autodefensa -. Los Macabeos desarrollaron la fortaleza de sus cuerpos a fin de lograr nuestra independencia – mientras que los griegos desarrollaban sus cuerpos con un central propósito estético -. Las Macabiot – desde la primera en 1932, 16 años antes de la creación del Estado de Israel – tuvieron como uno de sus objetivos primordiales la renovación espiritual del pueblo judío: que cada judío se viera capaz de autodefenderse, de superarse, de arribar a grandes logros en un área – la física – negligentemente abandonada (produciendo nuestro impotente debilitamiento en muchos órdenes) . Desde entonces, y hasta el presente, la Macabiá es una muestra de excelencia, donde cada quien, desde sus propias capacidades, da lo mejor que tiene de sí – algo que recogimos como el motivo educativo de esta próxima Macabiá, la Macabiá Jai (18): "Excelencia en la cadena de generaciones judías" -.La Macabiá transforma el saber general (en este caso, el deporte) en un medio para la reunión y la unión judías. Al igual que en tantas otras áreas del conocimiento universal (¿No fue acaso Maimónides mismo quien basó todo su saber filosófico en el griego Aristóteles, adaptándolo a los presupuestos básicos de nuestra fe?), la Macabiá y nuestro Movimiento Macabeo hicieron de la competición (y más importante que ella, de la preparación individual y colectiva) una razón para la reunión y la unión de jóvenes y adultos, mujeres y hombres, hermanados bajo la única bandera de su ser judío en el marco de nuestra vida nacional en el Estado de Israel. En una era en la que las comunidades judías de la diáspora están cada vez más alejadas emocionalmente del destino del Estado Judío , la Macabiá sigue convocando – y hoy más que nunca – a un entusiasta pueblo judío a visitar el Estado de Israel – y a hacer aliá, como ocurre y ha ocurrido en cada una de las 17 Macabiot pasadas -.En suma, nuestra Macabiá es, para nuestro gozo y orgullo macabeos, una de las expresiones más extraordinarias de solidaridad con el Estado de Israel , de amor al pueblo judío, de encuentro real y concreto de judíos que hallan en nuestra enorme diversidad lo común, significativo y eterno que nos une y hace de nosotros el pequeño-gran pueblo que somos. Es una muestra de nuestro ser macabeo – continuadores, como tales, de los Macabeos libertadores del Pueblo de Israel -.
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